jueves, 9 de julio de 2009

Cronica 04


El negocio de la fe

“Levanta una piedra y ahí estaré, corta la rama de un árbol y ahí me encontrarás... pero no me busques en grandes templos ni en impresionantes construcciones, porque Dios se encuentra en todas partes, y donde me busques, ahí estaré”. El mismo Jesús lo dijo. Debe sentirse muy decepcionado pensando que todo lo predicado en la tierra no fue tomado en serio, trasgiversado y tomado para el beneficio de muchos.

Siempre he visto en la televisión algo que me llama mucho la atención, el templo de Santa Teresita de Los Andes. Todos los años necesitan dinero para terminarlo. Está tan grande, como una mansión de Hollywood. Da lástima pensar en cuánta gente, en cuántos niños no tienen un techo, no tiene comida, y la Santa Iglesia Católica no hace nada para remediarlo, están como los políticos creyendo que de ostia y misa vive el hombre. El templo es enorme, con una inmensa infraestructura para recibir a los fieles que llegan a pagar sus mandas, comprando innumerables sumas de dinero en imágenes, figuritas, rosario, etc. ¿y ese dinero para donde va?, no creo que sea para “terminarlo” sino estaría más que listo hace mucho tiempo.

Otro gran templo que llama la atención, católicamente hablando, es el de San Expedito en Reñaca. Al mirar su construcción totalmente vanguardista y nada parecida a una Iglesia normal. Por los pendones que de su techo cuelgan parece una universidad o un centro comercial diminuto. Lo primero que hago es ir a la gruta donde le tienen un altar por todos los favores concedidos. Se ve que muchas personas son fieles a San Expedito por todas las velas y adornos además está rodeado de cartelitos, placas y fotos, agradeciendo los favores que ha concedido.

Me dirijo a la “Librería El Rosario” que está en las instalaciones de la parroquia, con la excusa de comprar unos santitos para mi abuela, la señora que atiende muy amable me cuenta sobre los inicios del fanatismo por San Expedito, este Santo Armenio que ha estado tan concurrido últimamente por su gran intervención ante Dios y por tanto milagro realizado. La gente no sólo va a pagar mandas o a pedir, sino que además va a buscar algún recuerdo que los acerque más a Expedito. Es por esos que en esta librería, se puede encontrar desde pequeños retratos de Santos – no sólo del patrono de la parroquia- de todos los estilos, velas, escapularios, figuritas de yeso, candelabros, libros, CD, entre miles de cosas del popular Santo. La señora me contaba que con la crisis las ventas han estado malas, que de un día vender 300 mil pesos, hay días que sólo venden 80 mil o mucho menos. Pero todos sabemos que los chilenos con crisis o sin buscan formas siempre para tener dinero para comprar este tipo de cosas por pedir una mejor economía familiar, salud, entre muchos otros. Las bajas ventas las atribuía a los vendedores ambulantes que se sitúan a los pies del templo fielmente cada fin de semana. Ellos les “roban” las ganancias. ¿Se puede regular el negocio de la Fe? No lo sé, pero lo que sé y que no tenía idea, de que un comerciante particular, arrienda ese local, debe ser una persona elegida por el párroco Enrique Opaso, quién velara por el correcto funcionamiento del “bazar”. Las ventas del bazar van directamente a los bolsillos del comerciante, no de la Iglesia, pero si el arriendo y todo lo demás. Es extraño tener una librería en una Iglesia. Si el dinero de la venta de figuritas y esas cosas fuera en directo beneficio de la parroquia para restaurar cosas puede ser pero ya se están complicando mucho. Sobretodo a los “pobres feligreses”, no hablo de los oriundos de Reñaca, sino que de esos que realmente necesitan a Dios, quienes sufren y pasan hambre, quienes según la señora, son los que más dinero gastan en suvenires del santito.

¿Es necesario entrar de rodillas para pagar una manda?, ¿Comprar el Santo más caro? o ¿Dar el mejor diezmo para expiar nuestros pecados y aun así no asistir a misa todos los domingos? Pero como hombres, siempre creeremos que el dinero nos lo da todo, hasta la liberación de los pecados y la vida eterna.

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